El e-commerce se mueve más rápido
que las políticas gubernamentales
4 de
octubre de 1999
El auge del comercio electrónico comienza a extenderse más allá
de Estados Unidos. Según la Organización Mundial de Comercio, "es
posible que el comercio electrónico (a través de Internet)
represente el 2% de todas las transacciones comerciales en los
países industrializados dentro de un período de cinco años".
International Data Corporation (IDC) estima que en América Latina
los ingresos por concepto del comercio electrónico crecerán de
US$167 millones en 1998 a US$8.000 millones en el 2003.
Sin embargo, existen muchos escollos en el camino del comercio
electrónico. Además de los problemas de siempre relacionados con los
derechos de autor, certificación y firmas electrónicas, validez de
los acuerdos electrónicos y de mantener privada la información del
consumidor, también están los impuestos y aranceles. Tratándose de
unos US$8.000 millones en ingresos, uno puede estar seguro que los
gobiernos van a intentar quedarse con su porción del pastel.
En algunos casos, la aplicación de impuestos sobre las ventas -o
impuestos de aduana- es relativamente fácil. Si en Brasil se coloca
un pedido para comprar una computadora a una empresa estadounidense,
habrá que pagar un impuesto sobre el producto cuando éste llega al
país. Si se compra un libro, CD o video de Amazon.com, estos
productos se envían directamente a su casa. En cualquier caso,
existe un producto físico que está cruzando una frontera y cuya
trayectoria puede ser supervisada de cerca.
Pero ahora la situación se vuelve más complicada con los
productos digitales, que cruzan fronteras con absoluta impunidad: se
hace difícil y en algunos casos imposible, supervisar y cumplir con
las leyes impositivas. Sobra decir que esto plantea un nuevo reto
para los comerciantes y gobiernos. Ya es común bajar software de
Internet, la música digital está recibiendo un fuerte impulso de
Sony y otras compañías que apoyan formatos de música que pueden
bajarse de la Web, los libros ganan acceso cibernético, y los
periódicos y otros medios impresos han migrado a la Web y se pueden
leer en línea.
La firma de consultoría Ernst & Young señala en un estudio -cuyo
inquietante título es "Masters of Complexity and Bearers of Great
Burden: The Sales Tax System and Compliance Costs for Multistate
Retailers (Maestros de la complejidad y portadores de una gran
carga: el sistema de impuesto sobre las ventas y los costos de
cumplimiento que suponen a los minoristas en múltiples estados)- que
una de las primeras dificultades es determinar si los productos
digitales (como software o música) que se pueden bajar de Internet
son "productos tangibles a los que se le pueden imponer impuestos o
productos intangibles que no están definidos en las leyes de
impuestos sobre las ventas". La respuesta no siempre es clara, pero
las repercusiones para los negocios pueden ser significativas.
Según el estudio, los pequeños minoristas en particular podrían
verse afectados por los altos costos de cumplimiento y las
complejidades que conlleva el comercio internacional. Para los
grandes minoristas estadounidenses cuyos negocios abarcan 15
estados, la responsabilidad de cobrar impuestos sobre las ventas les
significa un costo de cumplimiento del 8,5% de los impuestos totales
que recaudan. Para compañías medianas y pequeñas que operan en todo
EE.UU., los costos que le suponen cumplir con el cobro de impuestos
pueden equivaler a entre un 48% y un 87% de los impuestos sobre las
ventas recaudados. Aunque el estudio sólo se concentra en los
estados de EE.UU., los problemas se aplican a cualquier venta
minorista internacional, donde los gobiernos son los "maestros de
complejidad" a la hora de diseñar regímenes fiscal y arancelario.
Por el momento, no hay una solución fácil para ayudar a los
negocios de comercio electrónico a aliviar sus problemas
impositivos. Muchos gobiernos latinoamericanos comienzan a tratar
este y otros problemas relacionados con el comercio a través de
Internet.
Al final, los gobiernos y los negocios y comercios tendrán que
trabajar de forma conjunta para simplificar los problemas
regulatorios, de modo a fomentar el crecimiento del comercio
electrónico y el desarrollo económico regional. Actualmente hay
varias iniciativas sobre la mesa, incluyendo una propuesta para
cambiar el código de comercio de México, un proyecto de ley en
Brasil para reconocer legalmente la validez de las firmas digitales
y los documentos electrónicos, y otra legislación pendiente en otros
países latinoamericanos. Pero todavía está por verse cuán rápido
estos gobiernos podrán aprobar estas leyes. Desafortunadamente, el
tiempo en Internet no corre al mismo ritmo que el tiempo
gubernamental.
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